Cuartel de Agua Amarga

Al límite de la carretera que lleva a Elche desde la ciudad de Alicante por la costa, encontramos un antiguo edificio empapelado por carteles publicitarios y ventanales y puertas tapiadas que, pudimos comprobar una vez encontramos el modo de franquear sus muros, es habitado frecuentemente por okupas o sintecho.

 

Construido frente a la ya desaparecida torre defensiva del barranco de Agua Amarga, el que fuera Cuartel de Carabineros a mediados del siglo XIX y, ya en el siglo XX, cuartel de la Guardia Civil, resiste a duras penas los embistes del paso del tiempo. La basura y los escombros se esparcen por las estancias que componen la construcción y por todo el patio el interior, cuyo lado opuesto a la construcción, linda con el barranco.

 

Toda la planta baja está dividida en pequeñas estancias con chimeneas, o lo que queda de ellas, y al fondo, en el patio, restos de pilas para lavar y de un horno de piedra. La planta superior, a la que se accede por una escalera sin barandilla, tiene las ventanas desprovistas de los ladrillos que tapian los accesos inferiores y ofrecen unas fantásticas vistas del mar. Fue en uno de esos cuartos donde encontramos lo que, en otro tiempo, fueron los urinarios.

 

Sin embargo, había algo en esa casa que me ponía muy nerviosa, como en alerta ante algo turbio o peligroso. Algunas revistas masculinas se esparcían por el suelo de una de las habitaciones, presidida por dos sillas enfrentadas, que daba paso a otra estancia más amplia separada de ésta por una cortina improvisada. Por todas partes fotografías de carácter erótico adornaban las paredes. No me considero una persona fácilmente impresionable por este tipo de material, en absoluto una pudibunda, sin embargo, fue un detalle lo que terminó por justificar el mal pálpito que mantenía desde que entré en la casa.

 

Allí, colgadas en la pared, cual trofeos de caza, prendas de ropa interior femenina decoraban el cuarto pendiendo de clavos. ¿Con qué propósito? ¿Tenían realmente el carácter de “trofeo” que yo les atribuí por su disposición? Y, si es así, ¿Existiría algo oscuro detrás de todos esos “trofeos” o se trataba simplemente de meros recuerdos de conquistas amatorias? No sé el motivo, pura intuición femenina pero, horrorizada, me decanto por la primera opción. Pero ¿qué podía hacer?, ¿alertar a la policía y explicarle que me dedico a entrar en lugares abandonados para fotografiarlos y que, en una de estas visitas, había encontrado algo que, tal vez sólo en mi imaginación, apuntaba a algún tipo de agresión sexual?

 

El hecho de que parecía que el lugar llevaba abandonado por el presunto ocupa mucho tiempo me desanimó a comprobar si mi denuncia hubiese sido tenida en consideración o desdeñada por estrafalaria.

 

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Sobre mí:

Curiosa por naturaleza, desde niña me embelesaron los ecos pasados que se me antojaban atrapados entre las paredes de los lugares abandonados que iba dejando atrás desde el coche de mi padre. Hoy, un poco más dueña de mis pasos, los dirijo allí para admirar la belleza oculta entre sus ruinas, inmortalizarla con mi cámara e indagar en la verdadera historia que, en otros tiempos, les dieron vida. Estos son mis locus amoenus ¿me acompañas?