Casa y Ermita de Luis

Pasando por alto que a punto estuvimos de quemar el embrague de nuestro coche al equivocar la ruta que nos llevaría hasta nuestro destino e introducirnos en una cada vez más impracticable pista forestal que partía del puerto de Benifallim, llegamos a él en plena sierra de Aitana: una casa abandonada, aparentemente labriega, junto a la que aún resistía el paso del tiempo con mejor suerte una antigua ermita o sntuario, ya desprovista de santo al que honrar, pero con un artesonado de madera en el techo muy interesante y una especie de púlpito practicable dominando el angosto espacio. En sus puertas metálicas aún se puede leer "Casa de Dios" y, con menor claridad, la que suponemos, fecha de construcción, 1898.

 

El mismo estilo de puerta da paso a lo que queda de la casa que hemos convenido en llamar "Casa de Luis", por la inscripción con este nombre seguido de lo que parece una "J" que rubrica el metal como lo hace en el caso de la ermita el lema "Casa de Dios". Estábamos pues, ante los restos de una casa construida en medio de una montaña hace más de 100 años. Poca información puedo aportar sobre ella. Una construcción principal dividida en dos plantas a la que se anexa un pequeño corral; restos de enseres y mobiliario, una prensa y unos envases de vino a medio consumir que nos hacen pensar que la casa pudo ser habitada hasta hace relativamente poco tiempo.

 

En las inmediaciones de la casa, restos de vegetación y arboleda quemada podría darnos un pista del motivo su deterioro y abandono, aunque, como en otros muchos casos de los que desconocemos su historia, hablo sólo de una mera suposicón. Lo que si es cierto es que en agosto de 2012, la fatal avería de un coche que ardió junto a la masa forestal provocó un incendio que quemó parte de la sierra de Aitana hasta la zona en la que nos encontrábamos. Fue un siniestro que, además de afectar al rico patrimonio forestal de la zona, desgraciadamente se llevó por delante la vida de un agente medioambiental y de un brigadista que luchaban contra la llamas. 

 

A estos y otros muchos profesionales como ellos que, sobre todo verano tras verano, se juegan la vida en nuestro país en la mayor parte de los casos sofocando incendios producidos de forma intencionda y por negligencias, quiero rendirles, desde esta humilde página, mi profundo reconocimiento y agradecimiento a su labor y coraje. 

 

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Sobre mí:

Curiosa por naturaleza, desde niña me embelesaron los ecos pasados que se me antojaban atrapados entre las paredes de los lugares abandonados que iba dejando atrás desde el coche de mi padre. Hoy, un poco más dueña de mis pasos, los dirijo allí para admirar la belleza oculta entre sus ruinas, inmortalizarla con mi cámara e indagar en la verdadera historia que, en otros tiempos, les dieron vida. Estos son mis locus amoenus ¿me acompañas?