Palacio de los Gosálvez

Corría el año 1902 cuando Enrique Gosálvez Fuentes, descendiente de una  adinerada familia procedente de Alcoy, mandó construir en la orilla opuesta al río Júcar a su paso por Villargordo un impresionante palacio de estilo ecléctico (versallesco - Art Noveau), una construcción rodeada de toda la arquitectura industrial que la familia poseía en sus inmediaciones: fábrica de harinas, de hilados, conserveras, bodega, central hidroeléctrica y colonia obrera. Un ejemplo de lujo al gusto de la burguesía de la época rodeado de jardines, invernadero y huertos en el que no podía faltar la Capilla familiar.

 

Con la irrupción de la Guerra Civil, la familia Gosálvez se vio obligada a abandonar el palacio y el edificio pasó a utilizarse como Maternidad, albergando a futuras madres evacuadas de las zonas en conflicto bélico. Así, además de contar con quirófano y sala de partos, el palacio al completo se empleó para albergar a madres e hijos de distintas edades que terminaron incluso estudiando en el gran Salón de los Espejos. Finalmente, el palacio fue abandonado a su suerte y, víctima del pillaje, comenzó un declive que, a día de hoy, se antoja ya imparable a pesar de los esfuerzos de la Asociación de Amigos del Palacio de Gosálvez y su Entorno que consiguió su declaración como Bien de Interés Cultural en el año 1993.

 

Colea todavía un conato de reconstrucción, respetando las exigencias inherentes a su declaración como Monumento Bien de Interés Cultural, por parte de sus nuevos propietarios, la familia Núñez Ruiz, dueños de un hotel en La Roda, que desde 2006 planea para este entorno un ambicioso proyecto hostelero para el lugar.

 

Y así fue como nosotros encontramos esta joya oculta entre la arboleda:

 

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Sobre mí:

Curiosa por naturaleza, desde niña me embelesaron los ecos pasados que se me antojaban atrapados entre las paredes de los lugares abandonados que iba dejando atrás desde el coche de mi padre. Hoy, un poco más dueña de mis pasos, los dirijo allí para admirar la belleza oculta entre sus ruinas, inmortalizarla con mi cámara e indagar en la verdadera historia que, en otros tiempos, les dieron vida. Estos son mis locus amoenus ¿me acompañas?